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Guía para invitar a sonar las campanas en la tradición de Plum Village

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(Compilada por Mitchell Ratner, Hna. Dinh Nghiem, Valerie Stains, Hna. Tung Nghiem (Hna. Pine) y otros monásticos y practicantes laicos en New Hamlet, durante los retiros de veintiún días de 2012 y 2014.

Introducción

«Me gustaría hablarles un poco sobre mi práctica de la campana, el sonido de la campana.»

»Cuando era un niño, solía asistir a un templo budista con mi madre, mi hermana y mi padre, y escuchaba mucho el sonido de la campana, pero no tenía mucho sentido para mi, el sonido de la campana. Recuerdo que había gente que seguía hablando cuando escuchaban la campana. Me convertí en monje novicio a la edad de dieciséis años. En esa época, tuve la oportunidad de descubrir qué es el sonido de la campana realmente. Me entregaron un librito que tenía que aprender de memoria. Ese librito tenía cincuenta y cinco poemas. Había unos pocos poemas sobre invitar la campana a sonar y cómo escuchar la campana. Era maravilloso. Fue la primera vez que supe que la campana tiene un papel muy importante en la vida de un monje y en la vida de una persona laica.

»Antes de que invites la campana a sonar (no se dice “golpear la campana”, no sería muy amable; se dice “invitar la campana a sonar”), tienes que inhalar y exhalar. Utilizas un pequeño poema para inhalar y exhalar profundamente:

Cuerpo, palabra y mente en perfecta armonía,
envío mi corazón con el sonido de esta campana.
Que todo el que la escuche despierte del olvido
y trascienda el sendero de la ansiedad y el dolor.

»Cuando lees una línea, inhalas; cuando lees la siguiente, exhalas.

»La lees en silencio, en tu mente. Después de que hayas leído estas cuatro líneas del poema, tú mismo te transformarás en calma y en solidez, y entonces tendrás el derecho de tocar la campana. Cuando invitas la campana a sonar, estás enviando tu amor, estás enviando tus saludos, estás enviando tu deseo a la gente que escuchará la campana.

»Es por eso que invitar la campana, enviar el sonido de la campana a las personas de tu alrededor es una acción muy compasiva. No puedes hacerlo sin poner mucho de tu corazón en ello.

»Así que comencé a aprender de memoria este poema, y había también otros poemas para el mismo propósito. También aprendí otros poemas relacionados con la práctica de cómo escuchar la campana. Cuando escuchas la campana, debes practicar la escucha profunda del sonido de la campana.

Escuchando la campana siento cómo las aflicciones en mí comienzan a disolverse.
Mi mente se calma y mi cuerpo se relaja. Nace una sonrisa en mis labios.
Siguiendo el sonido de la campana, regreso a la isla de la plena conciencia
y, en el jardín de mi corazón, las flores de paz nacen hermosas.

»Hay poemas como este que debes aprender de memoria para practicar escuchar la campana. Invitar la campana a sonar y escuchar la campana puede producir energía de paz, alegría y solidez en ti. ¿Cómo puedes tener esta energía de paz, solidez y alegría? Solo tienes que practicar escuchar la campana.

(Extraído de una charla del Dharma de Thich Nhat Hanh, del 24 de diciembre de 1997)

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Ya no huyo más

[Versión original en inglés en la página web de Plum Village]

Thay ha recibido recientemente esta hermosa y conmovedora carta de uno de sus estudiantes en Irlanda. Con permiso del autor, Thay nos pidió que lo pusiéramos en la web para que pudiera leerla toda la comunidad.

EIRE (Irlanda)

04/02/2014

Querido Thay:

Hace poco más de ocho años, tal vez diez, solía conducir después del trabajo hasta las montañas de Dublín noche sí noche no y aparcaba al borde del acantilado. Liaba y fumaba un porro tras otro y lloraba y lloraba y lloraba. Me gustaba conducir el automóvil hasta el borde del precipicio y tratar de reunir el valor para no parar y poner allí fin a mi vida. Era un lugar muy hermoso. Las montañas descienden a los lados hasta un bello y verde valle atravesado por un hermoso río. Un bello lugar para morir, pero no fui capaz de hacerlo. Lloraba durante casi todo el camino a casa y me iba a la cama.

La mañana siguiente y cada mañana siguiente me llevaban  a la tortura de otro día, y luego llegaba el fin de semana y yo iba y bebía y bebía y bebía, luego fumaba porro tras porro tras porro. Todo para agostar y apagar el dolor dentro de mí. Entonces llegué al límite de mi vida. Trabajaba en una oficina. Tenía “mucho éxito en mi trabajo”, trabajo que me estaba matando. Cada mañana, cuando entraba en ese lugar, un edificio de oficinas, podía sentir cómo mi alma se quedaba fuera. Mi parte hermosa nunca entró y yo estaba empezando a morir. Tenía unos 35 años. Sigue leyendo

MORIR ANTES DE MORIR

El filósofo Montaigné tiene una frase sumamente sugerente: “Quien enseña a un hombre a morir, le enseña a vivir”. Pero realmente quien esto suscribe no está muy de acuerdo con la frase del filósofo francés. Nadie, realmente, puede enseñar a alguien a morir porque esa experiencia no se vive dos veces y si hemos de confiar en la biología, ningún muerto ha vuelto a la vida para poder convertirse en maestro de los vivos.

Dicho esto, os ruego que disculpéis mi osadía de hablar de la muerte sin tener experiencia de ella, porque es obvio que no me he muerto todavía.

Así pues, lo único que puedo compartir con vosotros es tanto lo que cuenta el budismo acerca de la muerte como cuál sea mi experiencia como ser vivo de este asunto de morirse.

Para centrar el tema debo hacer referencia a tres modos de entender el sentido de la vida en la sociedad actual. Hay más, pero en resumen se podría señalar estas tres como las más comunes. A saber:

  • Existe una visión de la vida donde todo lo que sucede viene determinado por un plan divino, de manera que el problema del hombre sería que no llega a alcanzar el sentido de este plan porque le falta perspectiva. No tiene capacidad de ver todo, su visión es reducida y lo que pudiera parecer un mal a veces no lo es, visto desde una perspectiva más amplia. Simplemente es el resultado de su ignorancia e incapacidad de comprender ese plan divino. Según esta idea todo sigue un plan. El caos no es tal y aunque no lo sepamos reconocer estamos sostenidos por la mano del Creador, quien un día alentó la vida en nuestra alma y un día nos señalará el final de ese trayecto para que vivamos eternamente en otro mundo.
  • Frente a esta visión, el materialismo indica que el hombre es por azar que llega a este mundo y tiene los pasos contados porque otro día desaparecerá para volver a la nada de donde salió un día. La vida sería un corto paseo con un principio y un final sin solución de continuidad. No hay plan. Todo es producto del azar y la necesidad.
  • Y junto a las anteriores está la visión que dice que realmente uno ni nace ni muere, que uno no puede morir porque nunca ha nacido. Uno es simplemente una manifestación, temporal y específica, de una cosa a la que llamamos de muchas maneras pero que se podría concluir con un sólo término: UNIDAD. Cada quien es una manifestación de esa UNIDAD, de un océano que contiene todo. No hay, por tanto, dualidad en esta perspectiva. Así pues, esta manifestación temporal que somos cada uno de los seres humanos, debe aspirar a que la energía de sus actos que le sobrevivirán sea lo más positiva posible antes de pasar a ser una nueva manifestación.

Para resumir, estoy hablando de tres grandes concepciones religiosas o filosóficas: el monoteismo de judíos, musulmanes y cristianos, el ateismo de las filosofías materialistas y el budismo.

Me toca presentar qué es la muerte para el budismo.

El maestro budista que más me ha impresionado por su sencillez y a la vez profundidad a la hora de plantear el tema de la muerte es el maestro zen vietnamita y residente en Francia Thich Nhat Hanh.

En su libro “La muerte es una ilusión” nos dice que esta no existe como tal sino como producto del engaño de nuestros sentidos. Nuestra visión es una visión errónea comprensible desde la apariencia superficial pero que se sostiene difícilmente si adoptamos una visión más profunda. Hay una aparente dualidad de nacimiento y muerte pero si miramos con atención profunda, si logramos traspasar las capas más superficiales de la realidad nos damos cuenta de que no podemos morir por la misma razón de que nunca hemos nacido.

Hay un koan ( frase de un maestro zen dirigida a un discípulo para romper su lógica inmediata y ayudarle a saltar la barrera de la apariencia) muy significativo a este respecto: “¿Cuál era tu rostro antes de nacer?” Este koan pone el dedo en la llaga en una cuestión que a todos nos trae de cabeza. Si contestas que no tenías ningún rostro, que no existías ni aún en el pensamiento de tu madre estás afirmando que de la nada puede surgir algo. Y si preguntamos por la muerte tampoco se puede decir que algo desaparezca absolutamente. Lavoissier, el físico francés, ya dijo que la energía (y somos energía) ni se crea ni se destruye, sólo se tranforma.

El maestro con este koan quiere que su discípulo transcienda los conceptos del nacer y del morir. ¿Cuál era mi rostro, vuestro rostro antes de nacer? ¿De la nada llegó a ser algo? ¿No era, acaso, ese rostro el rostro del agua, del sol, del carbono, de las múltiples generaciones que me precedieron?

¿Acaso no es cierto que si elimino cada uno de estos elementos en mi, de mi supuesta identidad, no quedará absolutamente nada? Quitando cada uno de los elementos que me constituyen ¿dónde quedo yo?

Para el budismo, cada dharma, es decir, cada realidad fenoménica, está vacía de un ser separado del resto. No tiene entidad por sí misma. Ese es el sentido de la vacuidad en el budismo. Cuando dejamos de manifestarnos bajo una forma no desaparecemos, porque no podemos desaparecer. Simplemente nos manifestamos como agua, como humo, como ceniza… hasta que se dan las condiciones necesarias para que surja una nueva manifestación, Cuando la hoja del árbol cae, eso no significa el final del árbol. Reconvertido en abono, volverá la hoja a fluir por las venas del árbol nutriendo con su savia la nueva vida, las nuevas hojas. Porque de nada no puede salir algo ni de algo se puede llegar a ser nada. ¿No es cierto que en el pan y el vino de la Eucaristía está contenido el universo entero? ¿No se han reunido el sol, el agua de la lluvia, la tierra, el labrador, el panadero, el transportista para hacer realidad esa presencia? ¿Seguirá el pan ahí si le quitamos todos esos elementos que lo constituyen como tal? ¿Dónde estará el pan entonces?

Esa misma intuición de vacuidad existe en el Islam. A mi me resulta muy sugerente que el mihrab sea un espacio vacío, que a la vez lo contiene todo.

Por tanto, y ahora viene a colación el título de la charla, morir antes de morir es, para el budismo, la capacidad de transcender los conceptos de vida y muerte. Contemplarlos como una ilusión que esconde una realidad más profunda: siempre he estado aquí, y siempre estaré. No soy un ser absolutamente separado del resto. Soy uno con todo lo que fue, es y será. No hay dos: yo y lo otro.

Pero esto hay que reconocerlo con el tuétano de los huesos. No basta con saberlo intelectualmente. Este es el desafío del meditador y esta es su práctica más genuina: aprender a desidentificarse del yo, aprender a soltar todas las nociones que nos separan y dividen.

Los tres sellos que indican que una enseñanza es genuinamente budista son: la ayoidad (no hay un ser separado, no hay un yo separado del resto), la impermanencia (no hay nada que sea eterno, todo fluye y está en constante cambio) y el nirvana (el interser de todas las cosas. Las olas no existen independientes del océano).

Esta es la práctica más profunda en el budismo: mirar más allá de la realidad aparente para darnos cuenta de lo que verdaderamente significan el nacimiento y la muerte y al transcender las nociones del nacer y el morir poder comprender quiénes somos en realidad. Eso significa liberarnos del miedo, de ese miedo que atenaza al pequeño yo al que nos hemos empeñado en constituir como la base y piedra angular de nuestro ser y con el que estamos tan intensamente identificados.

Parece que estuviéramos condenados a defenderlo a toda costa, aun a riesgo de nuestra propia salud física y mental hasta que por gracia o por mérito aprendemos que al mismo tiempo que la muerte es una ilusión, también lo es el yo. Aquello que hemos instituido como nuestra más genuina identidad se revela ahora como una formación mental más sin el aura de autoimportancia con que se pavoneaba.

Yo no puedo morir porque nunca he nacido. Cuando dejen de darse las condiciones necesarias, dejaré de manifestarme como quien ahora soy y eso no significará que haya dejado de existir. Seguro que existiré bajo una manifestación diferente. Es lo que los antiguos hinduistas y budistas llamaban reencarnación. ¿Acaso no está la llama ya contenida en la cerilla? ¿No es cierto que sólo falta una condición para que se manifieste la llama?

Quisiera concluir con un texto de mi maestro, ya cercano a las 87 años quien ante la insistencia de sus discípulos por retener las cenizas de su actual manifestación una vez que esta dejara de ser visible dijo: “Cuando muera, no quiero que construyáis una estupa y pongáis mis cenizas dentro de ella. No me gustaría. Es un desperdicio de tierra. Pero si insistís en construir esa estupa, os dejo una línea para inscribir sobre ella: “No hay nada aquí dentro”. Y si seguís insistiendo, os dejo otra línea más: “Tampoco hay nada afuera”.

A un servidor, que ni por asomo se ha enterado ni de la mitad de la película todavía y no le llega a su maestro ni al zapato, le gustaría despedirse con la guasa de mis ancestros trianeros: “Ni me voy, ni me quedo… ustedes verán qué se puede hacer conmigo”.

Visita de las hermanas de New Hamlet a Barcelona. Agosto 2013.

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Las hermanas de New Hamlet visitan Barcelona: cómo vivir en paz en la gran ciudad.
El pasado 11 de agosto tuvimos la suerte de recibir en Barcelona la visita de 20 hermanas del New Hamlet de Plum Village, de vacaciones en nuestro país unos días para descansar tras el intenso retiro de verano.

Para la gran mayoría de ellas, era su primera vez en Barcelona y deseaban visitar los monumentos más emblemáticos de la ciudad. Convertido en guía turístico para la ocasión, les propuse dirigirnos a pie hacia el centro. Las 20 hermanas, vestidas con la túnica marrón, el sombrero vietnamita y, sobretodo, con su alegría y frescura, no pasaban desapercibidas en medio de la gran ciudad. Numerosas eran las personas que nos paraban interesadas, se hacían fotos con ellas y preguntaban con una sonrisa de dónde venían y qué hacían allí.

A mediodía decidimos parar a comer en el Parc de la Ciutadella. sisters in BCN 1Sentados en el césped bajo la sombra de los árboles, comimos en silencio en círculo. Al finalizar, las hermanas empezaron a entonar “Happiness is here and now”. En ese momento sentí que las palabras de la canción cobraban todo su significado.

Observé que cada hermana tenía asignada a otra hermana, llamada su “segundo cuerpo”, a quien debía prestar atención y cuidar en todo momento. Cada hermana era a su vez el segundo cuerpo de otra. Me pareció una forma muy sencilla y práctica de ir más allá de nuestro egoísmo, abriéndonos a las necesidades de los demás.

A continuación, en el barrio de la Ribera, entramos en la bonita iglesia de Santa María del Mar. Con sus altas y esbeltas columnas y la luz tenue filtrada por las vidrieras, el ambiente invitaba al recogimiento. Fue hermoso entonces ver a las hermanas inclinarse con respeto delante del altar, como si ese Dios cristiano al que saludaban no fuera un desconocido para ellas, aunque llevara otro nombre.

sisters in BCN 4Emprendimos luego la marcha por estrechas callejuelas llenas de historia del barrio de la Ribera y del barrio Gótico (Carrer Montcada, Plaça Sant Jaume, la Catedral, Plaça St. Felip Neri, Plaça del Rei), donde les expliqué lo mejor que pude la historia de la ciudad. El calor apretaba y paramos a comprar un helado en la calle. Les propuse comerlo en una plaza cercana, pero, ante mi sorpresa, me contestaron que no podían comer y caminar al mismo tiempo, ¡ya que debían prestar toda su atención a una única acción! Dejé de lado mis prejuicios y me senté con las hermanas a lo largo de la acera, disfrutando plenamente del helado bajo la mirada divertida de los turistas.

Las hermanas empezaban a estar cansadas y decidimos volver a la Villa Olímpica, donde habíamos dejado los coches por la mañana. El metro, que tantas veces antes había cogido con prisas y la mente distraída, se convirtió en un lugar donde también era posible caminar en paz, disfrutando con cada paso y cada respiración.

Deseosas de ver los edificios modernistas de la ciudad, me pidieron que las acompañara en una vuelta en coche por el Passeig de Gràcia y la Sagrada Familia. A mi lado en la furgoneta, una hermana no paraba de hablar en vietnamita por un walkie-talkie. Al cabo de un rato, me di cuenta que estaba repitiendo mis comentarios a la furgoneta que nos seguía con el resto de las hermanas, para que no se perdieran las explicaciones.

Antes de marchar de Barcelona, las hermanas quisieron comprar un poco de comida para el trayecto de vuelta, así que entramos en una panadería-cafetería para comprar unas pizzas. El día había sido agotador, lleno de ruido y estímulos sensoriales a los que las hermanas no estaban acostumbradas. Mientras nos acababan de preparar la comida, una hermana, indiferente a las miradas de los otros clientes, se sentó en una silla de la cafetería con la espalda recta, las manos en el regazo, cerró los ojos y empezó a respirar…
Inspiro, espiro, inspiro, espiro…

Esa hermana me acababa de regalar una preciosa lección. Con su ejemplo, me mostraba el camino a seguir para restablecer la paz y la serenidad en medio de una jornada atareada.
Después de pasar el día conviviendo con ellas, comprendí que los hermanos y las hermanas de Plum Village son la encarnación viva de las enseñanzas, la demostración de que, si practicamos con perseverancia, la transformación y la sanación son posibles, incluso en la gran ciudad.
Todavía hoy, paseando por mi barrio y por el centro de Barcelona, siento el rastro de paz y alegría que dejaron a su paso las hermanas de Plum Village. Me siento muy afortunado por haber podido vivir este día tan especial con ellas. Y me ilusiona pensar que el año que viene será Thay mismo el que nos visitará.

Querido Thay, queridos hermanos y hermanas de Plum Village, querida Sangha: sé que estáis allí y eso me hace muy feliz.

Lluís

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El Misterio y La Llave de Paso: Plum Village

 

Sangha de Sant Pere de Ribes

La Sangha de Sant Pere de Ribes

Querido Thay, querida Sangha, queridos Amigos desconocidos aún:

Aquí esta una parte de la sangha de Sant Pere de RIbes, un pueblo de la comarca del Garraf, cuyas tres joyas son las viñas, los pinos y el mar 🙂

La semilla de la sangha empezó con el viaje de Lluisa ( la que escribe..;) a Plum Village en el año 2004. Descubrí a Thay en el libro Ser Paz; en la ultima hoja estaba el misterio y la llave de paso: Plum Village, comunidad del Interser, en Bordeaux… se podia ir….!  a cuantos de nosotros nos ha llegado de esto modo Thay, ¿verdad?

La seguridad de que iba a conocer el monasterio y a Thay, fue total.

Acudo al retiro francófono, en el mes de mayo: desde el primer minuto en que pisé el Hammeau du bas, cuando vi una maderita tallada y clavada en la tierra: ” you have arrived ” comencé a experimentar cambios en cómo percibir el mundo, “había llegado”, era una evidencia, sin embargo, iba mas allá de lo obvio… llegué a la hora de la comida y todo era silencio…llegué arrastrando la maleta mirando a todos lados, buscando la recepción, algo inquieta.. esperando que me atendieran… como si fuera un hotel…

Pero nadie me hizo caso, ni se alteraron para nada,todas seguían comiendo, debí parecerles alguien haciendo una performance! …ahora lo recuerdo con simpatia… (luego he visto a muchas, llegando del mismo modo…), a los cinco minutos de mi pequeño show y con mucha compasión, me invitaron a soltar la maleta, sentarme  y comer… de aquella manera… tan lentas iban… Me serví bastante mas de lo que puede comer… y sentí luego la vergüenza de tener que limpiar el plato… no había casi restos en la cubeta, salvo los míos… nadie me dijo nada así van las cosas en PV…

 

… Aún recuerdo el impacto que me causó todos y cada uno de los pequeños acontecimientos que se sucedían a lo largo del día en ese primer retiro:  La omnipresente campana, el paro total al que invitaba, las sonrisas en los rostros, la dulzura en el ambiente, gatos, flores, aromas de comida, hermanas caminando de la mano… nubes, pájaros, cojines de meditación, ciruelos, tes, escritos en los baños, budas…

Como ya intuía, fue una semana de revelaciones, paz y encuentro, de mucho silencio;  no conocía a nadie y quizás ha sido el retiro mas silencioso que he vivido hasta la fecha. A veces echo de menos ese silencio profundo, que me tocó el alma.

La primera vez que vi entrar a Thay en el dharma hall de hammeau du haut, sentí cómo se paró el mundo… no había nadie allí..! no se como explicarlo, un hombrecillo caminaba lentamente, pero no “había nadie” en realidad… fue impactante. Luego habló y … hasta la fecha…

Todo en Plum Village es una experiencia; entendí que solo a través de la inmersión, de la vivencia, era posible la transformación, y me entregué en cuerpo y alma, estaba sedienta.., luego la palabra “Práctica” es la que me ha ido llevando por esta senda de transformación… Práctica, vivencia, actos y no actos, la teoría quedaba en las estanterías… ya había leído demasiado.

A través de estos años, 9 ya, he vivido magnificas experiencias, encuentros con hermanos y hermanas para toda la vida, recibí la fuerza y la determinación para iniciar una sangha, al poco de regresar a casa, al menos 20 personas del Garraf, han visitado Plum Village desde entonces, algunas están fuertemente ancladas en la sangha, otras van y vienen, pero el aroma de Thay esta presente.

…Siento que soy una novata permanente…

Estar en presencia de Thay, es uno de los grandes regalos que he recibido en esta vida, es un hombre más, mas sabe como vivir en Paz y Armonía, cómo encontrar la belleza en todo, cómo transmitir su estar en el mundo… me sobrecoge a veces, tan simple y tan profundo, ¿verdad?

… Como un río, nuestra sangha, a veces baja con fuerza, a veces con poca agua.., incluso alguna vez, se ha escondido… si no ha habido condiciones, pero siempre resurge, y al final… el Mar y en él y siendo él, todas las sanghas, las activas, la no activas, las que aun no se han manifestado… las maduras, las debiles… que descanso, no tener que luchar, que descanso no discriminar…!

Hoy, alguien muy querido por mi, me ha propuesto enfocarme en la inclusión y la ecuanimidad, quizás por esto me ha surgido este escrito, sólo pretendía hablar un poco de la sangha de Sant Pere pero ha tomado otros derroteros… y así lo dejo… si os parece bien, querida sangha, querida persona que estas leyendo hoy esta pagina sobre la gira de Thay, y quieres conocer un poquito quienes son sus “seguidores, o amigos” aquí. Con toda transparencia, dejo estas pequeñas reflexiones y recuerdos de cómo se empezaron a mover estos hilos que hoy nos unen.

Ojalá seamos una inspiración, como otros lo han sido, ojalá nuestra Práctica sea estable, amorosa y generosa.

Flores de Jazmín de Sant Pere, para todos los seres,

Lluïsa Millán Arcarons

Puigmoltó Garraf Barcelona Spain

Sangha de Sant Pere de Ribes

 

Camino El Camino

A diferencia de otros compañeros de la sangha española no he visitado Plum Village ni he tenido contacto directo con Thay. Hace apenas un año conocí la práctica de Thich Nhat Hanh a través de Internet, al regresar a casa tras un par de semanas haciendo el Camino de Santiago.

Me llegó directamente la calidez de su mensaje, la sencillez y humildad del maestro, su carácter práctico y esa obstinada invitación que nos transmite a estar presentes en el aquí y el ahora.

Con entusiasmo he seguido las enseñanzas del maestro y profundizado en ellas, lentamente y disfrutando cada paso he confirmado la utilidad en mi vida de atender conscientemente mi respiración, emociones, pensamientos, palabras… sobre todo en una vía de acción.

En esta toma de contacto el hecho de haber compartido diferentes encuentros o retiros con dos de las sanghas situadas en Andalucía – Granada y Sevilla – ha sido sin duda el nexo más cercano con la propuesta de Thay, disfrutando del valor de la comunidad y del compartir juntos el camino del aprendizaje.

En unas semanas tendré la oportunidad de participar durante unos días de la presencia del maestro y compartir la práctica junto a la gran comunidad que se reúne cada verano en el retiro de Plum Village.

El camino es la meta y me siento feliz de haber hallado a Thay conforme daba pasos desde y hacia mi hogar, así como de haber tomado consciencia de la comunidad de seres que intersomos en este paseo por la vida.

– Antonio Zafra, Zuheros (Córdoba)