La segunda conferencia de Thich Nhat Hanh en las Jornadas internacionales de “Mindfulness” en educación

10 de mayo de 2014. “Escuelas despiertas”. Barcelona, Universidad Central. – Abajo, apuntes y foto de Koldo Aldai

 

Thich Nhat Hanh en Barcelona

Despertándome esta mañana sonrío. Inspiro y sonrío. En realidad dispongo de veinticuatro  horas nuevas  para vivir. Es mucho. Hago el voto de vivir esas veinticuatro  horas nuevas  de forma  profunda. No voy a consentir que la ira, los celos… me impidan vivir plenamente todas esas horas. Voy a vivir estas veinticuatro  horas viendo a todos los seres que me encuentre con ojos de compasión.

Más tarde, mientras cepillas los dientes puedes igualmente ser feliz. Puedes por ejemplo apreciar el agua y mismamente ese tiempo que te das para limpiarse los dientes. Agradeces el agua que  llega hasta  a ti  por la  tubería desde la cima de la montaña o lo profundo de la tierra. En el más simple acto puedes imprimir conciencia. Hasta para el acto de sentarse hay un verso que puede recitar el novicio: “Me  siento aquí como Áquel que se  sentó delante del árbol del Body, me siento como un Buda. Me siento como una persona libre.”

Así hay hasta cinquenta versos como estos de forma que el novicio pueda imprimir  plena conciencia en cada momento del día. Permiten mejorar la calidad de la presencia durante la vida cotidiana. Hemos inventado incluso un verso para andar en bicicleta. No en vano soy uno de los primeros monjes budistas que se desplazaba en bicicleta. (risas…) Ahora es más corriente, pero entonces no lo era. Hemos creado también la meditación del teléfono. Inspiras y respiras. Antes de llamar te serenas. Las palabras que emitas han de ir dirigidas a promover más comprensión y amor. Esas palabras han de ser como  flores. Pronuncias el verso  y después llamas. Al otro lado hay otra  persona que probablemente también se habrá serenado y respirado. El teléfono puede ser como una campana. Puede llevar implícita una llamada de atención. A veces nos sobresaltamos con una llamada. Si llamas a  Plum Village y no te cogen, has de saber que están  respirando. (risas…) Por tu parte, tú también respira y aguarda a que al  otro lado cojan el teléfono. Hay un maestro en la India llamada “Shantum” (Desconozco la escritura del nombre. Nota del transcriptor). Nos encontramos con su madre. Ella ya practicaba este tipo de  meditación.

Imaginemos que en una ciudad como Barcelona toda la gente practicara la meditación del teléfono. De esta forma, por medio de la palabra se promovería más comprensión y amor. Sentándome, caminando, lavando los platos… puedo vivir en la plena conciencia. De hecho hay un verso  para cada uno de estos actos cotidianos. Puedo fregar con  plena conciencia. Incluso para antes de arrancar un coche hay un verso. Hay un verso también para cuidar de las emociones dolorosas. Todos esos versos son muy útiles para la vida de un practicante. La práctica de la plena conciencia es muy beneficiosa.

La primera pauta del practicante es proteger la vida. Has de protegerte a ti mismo, proteger la vida de los seres que amas, pero también de los animales, las plantas y minerales. Reverencia por lo tanto hacia toda la vida sin exclusión. Alberguemos reverencia y  compromiso de proteger la vida. Mucha gente joven se suicida cada día, pues no saben cómo manejar una situación difícil. La práctica de la plena  conciencia les puede ayudar a manejar situaciones difíciles. En Japón, por poner  un ejemplo, 30.000 personas se suicidan cada  año. En Hong  Kong, en los países occidentales hay cifras también alarmantes. Las personas se suicidan cuando no  aciertan a manejar las emociones difíciles. Con la ayuda de la plena  conciencia podemos ayudar a salvar esas vidas.

Hay que dejar de pensar para que ese tipo de pensamientos no se hagan más fuertes. Puedes practicar la respiración consciente profunda. Llevas toda tu emoción abajo y pones tu atención en un subir y bajar del abdomen. Puedes  tumbarte y tomar conciencia del subir y bajar del abdomen. Mantienes ahí la concentración. Una emoción fuerte llega, se queda un rato y se va. Una emoción es algo  pequeño y tú eres mucho más grande que esa emoción. ¿Por qué necesitas morir a causa de una emoción? Una emoción es como una tormenta que viene y marcha. Necesitamos primero comprender esa clase de emoción para manejarla.

Dejamos de pensar al colocar la atención al nivel del ombligo. La emoción viene pero desaparecerá. Unos minutos después ya no estará. Me diré: “Yo no tengo miedo, yo he aprendido cómo manejar esa emoción”. No he de esperar a tener emociones fuertes para practicar la respiración profunda o del abdomen. Hemos de practicar de forma que esa respiración se convierta en un hábito. Una vez que llega la emoción fuerte, la abrazarás como una madre a su hijo. Te puedes hacer tú mismo una meditación guiada. Respirarás con esa emoción fuerte. Como maestros de educación, podemos  igualmente llevar esta meditación de las emociones fuertes a las aulas. Si hay un niño que tiene una crisis, podemos pedir a toda la clase que practique. Al generar la energía de la plena conciencia y de la paz y ayudamos a ese niño en su crisis. En verdad entonces sufrirá mucho menos. Padres y profesores deberían practicar la meditación profunda en el abdomen para poder ayudar a los chavales en la escuela.

Hay un segundo entrenamiento que consiste en la búsqueda de la verdadera felicidad. Mucha gente piensa que la felicidad está  hecha de fama, dinero, placeres sensuales…, sin embargo muchas personas que detentan esas cosas, sufren e incluso cometen suicidios. Debemos ayudar a los jóvenes a comprender que la felicidad verdadera está hecha de comprensión y de amor. De hecho el amor nace de la comprensión verdadera. Es útil preguntar a los jóvenes: “Cariño, ¿crees que te entiendo? Sino ayúdame por favor.” Comprendernos a  nosotros mismos ayudará a la otra persona. A la persona que amamos podemos ofrecerle comprensión. En el verdadero amor esa comprensión se acrecienta. Hemos de comprender el sufrimiento en él o ella. Un padre puede motivar a un hijo a ser feliz. La compresión es muy importante. “Hijo, ¿crees que entiendo tus dificultades?” El hijo también dirá: “Padre, ¿crees que llego a comprender tus dificultades? Dímelo por favor.”

Amar es comprender. Comprender es la otra denominación del amor. Si no comprendes a la otra persona, no puedes amarle. He ahí el verdadera razón de la felicidad. La plena conciencia nos ayuda a comprender que la felicidad verdadera está  hecha de amor y  compasión. El Reino de Dios es el Reino donde hay mas comprensión y amor. Podemos hacer de la tierra un Reino para todos.

En la práctica de la plena conciencia sabemos que el deseo sexual destruye el amor y crea mucho sufrimiento. La gente joven no sabe lo que es el amor de verdad. En cuanto padres deberemos ayudarles. ¿Qué es el amor de verdad? No terminan de alcanzar a conocer lo que en verdad representa el amor verdadero. Un joven pidió a su novia que le diera una foto de ella desnuda. La chica no quería enviarle esa foto, sin embargo también tenía miedo de que él la abandonara y se sintió obligada a enviársela. Él a su vez la  reenvió a sus amigos. Hechos como éste ocurren a menudo. Es importante enseñar que el verdadero amor está hecho de benevolencia, alegría, comprensión y no discriminación; que el verdadero amor no equivale a relaciones sexuales.

El primer elemento del verdadero amor es “maitri”, amor incondicional. Representa la amistad, la hermandad con todo su inmenso poder de generar alegría y felicidad. Podemos ayudar a suscitar verdadera amistad. Es preciso comprender cómo a veces queremos hacer a alguien feliz y sin embargo le hacemos sufrir más. Si respiras y caminas plenamente, restableciendo tu belleza, tu frescura, te encontrarás en condiciones de  dar amor de verdad y generar en la otra persona auténticas alegría y felicidad. La gente joven puede hacer esa práctica.

El segundo elemento de verdadero amor es “karuna”, es decir  ayudar a alguien a sufrir menos, llegar a transformar el sufrimiento que habita en él o en ella. En ese sentido, la escucha compasiva puede ayudar a sufrir menos. Comprendiendo su sufrimiento le ayudamos a que se exprese su corazón. El amor verdadero tiene que tener  “karuna” , es decir capacidad de ayudar a mermar el sufrimiento. Habitados por la energía del amor y la compasión se puede ayudar simplemente estando al lado, compartiendo tu amor y tu alegría.

El tercer aspecto del verdadero amor es “mudita” o verdadera alegría, “enjoy” El amor necesita generar alegría. Ésta constituye en realidad la marca del verdadero amor. Si a tu pareja le haces sufrir  hasta el punto de llorar, eso no representa verdadero amor. “Upeksa” es el cuarto y último elemento del verdadero amor. Representa la no discriminación. No hay discriminación entre él y ella. No puedes decir: “Cariño es tu problema”. No hay discriminación entre el amante y el amado. Tu felicidad es la suya, su sufrimiento el tuyo. Si es amor verdadero, crecerá cada día; si deja de crecer, no será verdadero amor. Nada puede vivir sin nutrir. Si la depresión continúa es porque ese amor no  ha sido nutrido. Si dejamos de nutrir el amor, decaerá. Si no sabemos cómo nutrir el verdadero amor, morirá. Ayudar a que nuestro amor crezca cada día, es garantizar la continuación de ese amor. Empieza con dos personas, pero irá poco a poco incluyendo a más. No amarás a esa persona porque es del mismo país o sigue las mismas creencias religiosas. Tu amor crecerá hasta el punto de abrazar a todos los seres humanos incluyendo las plantas y los animales. Eso es “upeksa”.

El amor verdadero necesita por lo tanto ser practicado en las escuelas. Los profesores han de saber del amor verdadero. Los profesores pueden encarnar el amor verdadero. Escuchamos con compasión para poder restaurar la comunicación. En caso de los maestros, debemos hacerlo primero con personas de la familia. Una vez practicado con la familia, lo haremos con los compañeros de la escuela. Finalmente podemos llevar la práctica a la propia aula. Se pueden así superar la diferencias generacionales. Es muy positivo juntarse los estudiantes y profesores y hablar del sufrimiento que unos y otros albergan. Podemos decir al alumno que sufre: “Cuéntanos tu sufrimiento. Toda la clase escuchará con compasión”.

Necesitamos tener tiempo para hacer estas prácticas. En el retiro que acabamos de realizar en  Madrid, un niño de once años me confesó que sufría. Sufría incluso cuando su madre le decía buenas noches… “Querido Thay, tengo dificultades hasta para dormir. Mi madre me impone muchas cosas”. La madre pensaba que actuaba correctamente, pero no funcionaba. Respondí al niño y le dije que las madres tienen sus propias dificultades y sufrimientos: “No le has ayudado a tu madre. Piensa en ella, no sólo en tu sufrimiento. Pregúntale a tu madre por su clase de sufrimiento, por las dificultades que ella también tiene. Quizás no sepa de cómo manejar esa situación…” Mientras que respondía a ese niño, muchas madres que estaban en la sala lloraban. Enseñando la práctica, podemos ayudar a sufrir menos. Cuando los jóvenes comprenden las dificultades de los padres, también les pueden ayudar. Hemos organizado retiros para la gente joven y hemos podido comprobar que después han sido capaces de restaurar la comunicación. Los estudiantes también pueden ayudar a los padres a que sufran menos. Ello es posible gracias a la práctica de la plena conciencia.

Palabra amorosa y escucha amorosa proporcionan el milagro de la reconciliación. Si las personas en cuestión han estado en el retiro será más  fácil, pues la semilla de la reconciliación ya habrá sido regada previamente. De cualquier forma también puedes servirte de tu móvil. Animamos a utilizar el teléfono antes de finalizar el retiro.  Muchas parejas han podido alcanzar la reconciliación antes de finalizar el retiro. En el ámbito de la educación, como profesores podemos mejorar la calidad de la enseñanza y el aprendizaje. De esta forma los profesores disfrutarán de enseñar y los estudiantes de aprender. Es preciso hacer algo para que los profesores y los estudiantes puedan disfrutar. Podemos compartir nuestras dificultades y sufrimientos y lograr así avanzar en ese camino de la mutua comprensión.

Podemos igualmente ayudar a que los estudiantes sufran menos guiando una sesión de meditación profunda. Podemos hacerlo tumbados o sobre la hierba. Si vemos que alguien sufre, podemos ir a él o ella y preguntarle por qué está sufriendo. Si resulta que su madre está en el hospital y no sabe si va siquiera a sobrevivir, el profesor se dirigirá a la clase. Todo el grupo practicará el ejercicio del respirar juntos en plena conciencia para enviar energía sanadora a su madre. Así ayudaremos también a calmar el estudiante y después podremos continuar la clase. Observaremos de esta forma el porqué de un comportamiento. Comprendiendo el sufrimiento, podremos hacer que todo sea más fácil en el trabajo de enseñar y aprender.

Henry era un profesor que después de estar en Plum Village comenzó a practicar la plena conciencia. Los otros profesores le miraban al comienzo extrañados, pero pronto pudieron comprobar lo mucho que esa  práctica ayudaba en la mejora de la enseñanza. Así es como la transformación y la sanación tuvieron lugar. En otras clases comenzaron a seguir ese ejemplo. Una vez a Henry le llegó el momento de la jubilación, la dirección del centro le pidió que se quedara más tiempo, pues tal era el grado de armonía que había logrado llevar a las aulas. Observamos así pues como palabra amorosa y la escucha profunda mejoran la calidad de la enseñanza y el aprendizaje.

La plena conciencia la podemos igualmente practicar en el ámbito del consumo consciente. Nuestra sociedad piensa mayoritariamente que la felicidad consiste en tener el suficiente dinero  para ir a las tiendas y supermercados y comprar lo que queramos. Sin embargo nosotros sabemos que la verdadera  felicidad es el amor y la comprensión y eso no se puede comprar en ningún supermercado. De eso también se puede hablar en el aula.

Hay cuatro clases de nutrición:

El primero el comestible, lo que ingerimos a través de la boca. Debemos de comer de tal forma que mantengamos la compasión en nuestro corazón y ayudemos  a los seres vivos del planeta. El consumo de carne y de alcohol ha hecho mucho daño. La industria  cárnica contamina  más incluso que la del coche. Hace mucho  daño al medio ambiente. Mientras  mucha  gente muere de hambre, la cantidad de pienso que hace  falta para alimentar al ganado es gigantesco. Buda nos cuenta la historia de la pareja  joven con su criatura que busca refugiarse  en otro país. Necesitan atravesar un desierto en su exilio. Se quedan sin comida. Deciden matar a su hijo para poder sobrevivir  consumiendo su carne. “¿Dónde está ahora nuestro hijo querido…?”, se preguntaban. Consiguieron salir del desierto y sobrevivir. El Buda preguntó si la pareja disfrutaba del consumo de la carne de su hijo… Por nuestra parte ¿Vamos por lo tanto  a consumir de forma que no necesitemos matar a nuestros hijos e hijas? La cantidad de grano que se emplea para hacer  alcohol y carne es la que se necesitan para salvar muchas vidas. Sin ese consumo podríamos salvar la situación en la tierra. Si lo reducimos de forma  significativa, preservaremos la vida.

La segunda forma de nutrición son las emociones sensoriales. Al mirar televisión, escuchar música…, consumes. Quizás ello contenga  toxinas y eso no es bueno para nuestra salud. Hay niños que pasan  hasta cinco horas diarias delante de los juegos electrónicos o la televisión. Ello no es bueno para su salud física y mental. Igualmente una conversación puede ser tóxica si las palabras están cargadas de violencia y de ira. Deberemos de reflexionar también sobre este consumo. Necesitamos practicar la plena conciencia también en este tipo de consumos. Los anuncios cultivan en ti la urgencia de comprar, aunque no lo necesites. Te hacen creer que la felicidad depende del consumo de cosas. Sin embargo nosotros sabemos que la verdadera felicidad está hecha de amor y comprensión.

Muchas noticias de  los diarios nos llegan igualmente cargadas de ira y violencia. El respirar en paz no constituye noticia. Las historias que leemos contienen a menudo exceso de ira, desespero y violencia. Estábamos en Nueva Delhi cuando se celebraba el aniversario de la muerte de Ghandy. Un periódico de la ciudad  nos invitó a hacer un editorial, así que fuimos a la redacción. Justo ese día había habido una bomba terrorista. ¿Debemos dar la noticia de forma que genere más violencia o deberemos comprender por qué los violentos obran  así? Los terroristas motivados por el odio no necesitan castigo. Necesitan ayuda. Ese sentimiento de compasión hacia quien causa  sufrimiento se ha de alentar también en los  lectores. Hay que regar las semillas del amor y la comprensión de quienes leen o escuchan las noticias. De lo contrario, si sembramos las semillas del odio, nos podremos  ver sumidos en una  guerra.

La tercera forma de alimento es la volición. Cada uno de nosotros deberíamos tener tiempo para discernir qué queremos hacer con nuestra vida. ¿Aspiramos a ser el número uno, tener dinero, fama, deseos sexuales…? ¿Pretendo ir en definitiva detrás de objetivos que me pueden hacer daño? Eso no es buen alimento. Si estas motivado por el deseo de prevalecer ante los demás, por la ira…, eso no es un buen alimento. Cambiar el mundo en una buena dirección, ése es un buen alimento.

A esta forma de alimento se le denomina  también la aspiración. Encontrar un sentido profundo a la vida, de forma que pueda tener algo de significado. Si soy un maestro puedo transmitir a los estudiantes una vida sencilla. Los monjes y monjas por ejemplo no tienen cuenta corriente, casa privada, coche… y aún y todo son personas felices. Actuamos no como individuos, sino como una comunidad, sabemos que tenemos el ideal de ayudar a los demás a sufrir menos. Los profesores deberían tener también esta  aspiración de ayudar  a los estudiantes a sufrir menos, trascendiendo por ejemplo los deseos sexuales…

El último alimento es la conciencia. Consumimos nuestra propia conciencia. Consumimos nuestra conciencia para sobrevivir. Consumimos el cielo y el infierno. En el budismo hablamos de la conciencia en términos de semillas. Hablamos de semilla de hermandad, de comprensión, de perdón, de hermandad… Si  sabemos cómo  regar esas  semillas el paraíso, estarán  ahí para poder hacer  florecer  el Reino de Dios. Regando esas semillas positivas, inauguramos ya dentro de nosotros mismo el Reino de Dios. También el sufrimiento que no ha sido comprendido y transformado, que ha sido  transmitido de generación en generación, constituye  nuestro infierno. Continuamos sufriendo el sufrimiento de nuestros antepasados. Hemos podido sufrir abusos con violencia, pero el momento presente es maravilloso. A menudo sin embargo no somos capaces de establecernos en el momento presente, pues hemos tenido un pasado  doloroso. Es así como somos arrastrados hacia el sufrimiento del pasado. Por eso diremos: “Cariño la vida es preciosa en el momento presente, por qué siempre  vuelves a ese rincón oscuro del pasado. Hay un paraíso en el momento presente para que lo disfrutes, ¿por qué tienes que ir a ese rincón?”

Los psicoterapeutas hacen algo similar. Hay grupos con mucha rabia, llenos de desesperación. Hay en realidad barrios enteros así. Todo el mundo en ese barrio genera violencia y resentimiento cada día. Es difícil en esos  barrios ser feliz. Deberás despertar y salir de ese lugar para no consumir esa energía de odio, para no construirte con ira. Después de haber sanado, podemos volver para ayudar, pero no antes. ¿Cómo transformar un barrio entero lleno de violencia y de miedo y crear una comunidad donde reine la alegría? ¿Cómo fomentar un entorno  saludable de forma que nuestros hijos crezcan como personas felices?

Pertenecer a un grupo nos ayuda practicar, a resistirnos a la energía colectiva de la rabia  y así sanarnos a nosotros y a quien consideramos los enemigos. No necesitamos establecer un país separado, divorciado. Si queremos crear una nación nueva, es porque no pensamos lo suficiente en valores como la unión y la hermandad. Si nosotros y los jóvenes vivimos con los valores de la nueva conciencia, la sanación es posible. Los maestros de escuela  deberían  encarnar esa energía de la plena conciencia.