Visita de las hermanas de New Hamlet a Barcelona. Agosto 2013.

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Las hermanas de New Hamlet visitan Barcelona: cómo vivir en paz en la gran ciudad.
El pasado 11 de agosto tuvimos la suerte de recibir en Barcelona la visita de 20 hermanas del New Hamlet de Plum Village, de vacaciones en nuestro país unos días para descansar tras el intenso retiro de verano.

Para la gran mayoría de ellas, era su primera vez en Barcelona y deseaban visitar los monumentos más emblemáticos de la ciudad. Convertido en guía turístico para la ocasión, les propuse dirigirnos a pie hacia el centro. Las 20 hermanas, vestidas con la túnica marrón, el sombrero vietnamita y, sobretodo, con su alegría y frescura, no pasaban desapercibidas en medio de la gran ciudad. Numerosas eran las personas que nos paraban interesadas, se hacían fotos con ellas y preguntaban con una sonrisa de dónde venían y qué hacían allí.

A mediodía decidimos parar a comer en el Parc de la Ciutadella. sisters in BCN 1Sentados en el césped bajo la sombra de los árboles, comimos en silencio en círculo. Al finalizar, las hermanas empezaron a entonar “Happiness is here and now”. En ese momento sentí que las palabras de la canción cobraban todo su significado.

Observé que cada hermana tenía asignada a otra hermana, llamada su “segundo cuerpo”, a quien debía prestar atención y cuidar en todo momento. Cada hermana era a su vez el segundo cuerpo de otra. Me pareció una forma muy sencilla y práctica de ir más allá de nuestro egoísmo, abriéndonos a las necesidades de los demás.

A continuación, en el barrio de la Ribera, entramos en la bonita iglesia de Santa María del Mar. Con sus altas y esbeltas columnas y la luz tenue filtrada por las vidrieras, el ambiente invitaba al recogimiento. Fue hermoso entonces ver a las hermanas inclinarse con respeto delante del altar, como si ese Dios cristiano al que saludaban no fuera un desconocido para ellas, aunque llevara otro nombre.

sisters in BCN 4Emprendimos luego la marcha por estrechas callejuelas llenas de historia del barrio de la Ribera y del barrio Gótico (Carrer Montcada, Plaça Sant Jaume, la Catedral, Plaça St. Felip Neri, Plaça del Rei), donde les expliqué lo mejor que pude la historia de la ciudad. El calor apretaba y paramos a comprar un helado en la calle. Les propuse comerlo en una plaza cercana, pero, ante mi sorpresa, me contestaron que no podían comer y caminar al mismo tiempo, ¡ya que debían prestar toda su atención a una única acción! Dejé de lado mis prejuicios y me senté con las hermanas a lo largo de la acera, disfrutando plenamente del helado bajo la mirada divertida de los turistas.

Las hermanas empezaban a estar cansadas y decidimos volver a la Villa Olímpica, donde habíamos dejado los coches por la mañana. El metro, que tantas veces antes había cogido con prisas y la mente distraída, se convirtió en un lugar donde también era posible caminar en paz, disfrutando con cada paso y cada respiración.

Deseosas de ver los edificios modernistas de la ciudad, me pidieron que las acompañara en una vuelta en coche por el Passeig de Gràcia y la Sagrada Familia. A mi lado en la furgoneta, una hermana no paraba de hablar en vietnamita por un walkie-talkie. Al cabo de un rato, me di cuenta que estaba repitiendo mis comentarios a la furgoneta que nos seguía con el resto de las hermanas, para que no se perdieran las explicaciones.

Antes de marchar de Barcelona, las hermanas quisieron comprar un poco de comida para el trayecto de vuelta, así que entramos en una panadería-cafetería para comprar unas pizzas. El día había sido agotador, lleno de ruido y estímulos sensoriales a los que las hermanas no estaban acostumbradas. Mientras nos acababan de preparar la comida, una hermana, indiferente a las miradas de los otros clientes, se sentó en una silla de la cafetería con la espalda recta, las manos en el regazo, cerró los ojos y empezó a respirar…
Inspiro, espiro, inspiro, espiro…

Esa hermana me acababa de regalar una preciosa lección. Con su ejemplo, me mostraba el camino a seguir para restablecer la paz y la serenidad en medio de una jornada atareada.
Después de pasar el día conviviendo con ellas, comprendí que los hermanos y las hermanas de Plum Village son la encarnación viva de las enseñanzas, la demostración de que, si practicamos con perseverancia, la transformación y la sanación son posibles, incluso en la gran ciudad.
Todavía hoy, paseando por mi barrio y por el centro de Barcelona, siento el rastro de paz y alegría que dejaron a su paso las hermanas de Plum Village. Me siento muy afortunado por haber podido vivir este día tan especial con ellas. Y me ilusiona pensar que el año que viene será Thay mismo el que nos visitará.

Querido Thay, queridos hermanos y hermanas de Plum Village, querida Sangha: sé que estáis allí y eso me hace muy feliz.

Lluís

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