Carta de Martin Luther King, Jr., proponiendo a Thich Nhat Hanh para el Nóbel de la Paz

Señores:
Como Premio Nobel de la Paz de 1964, tengo ahora el placer de proponerles el nombre de Thich Nhat Hanh para ese premio en 1967.

No conozco a nadie más merecedor del Premio Nobel de la Paz que este gentil monje budista de Vietnam.

Este sería un año especialmente propicio para conceder su premio al Venerable Nhat Hanh. Es este un apóstol de la paz y la no violencia que ha sido cruelmente separado de su propio pueblo, cuando se encuentra oprimido por una guerra cruel que ha crecido hasta ser una amenaza para la cordura y la seguridad del mundo entero.

Porque no hay honor más respetado que el Premio Nobel de la Paz, otorgar el premio a Nhat Hanh sería en sí mismo un generoso acto en favor de la paz. Ello haría recordar a todas las naciones que los hombres de buena voluntad están preparados para sacar a aquellos en conflicto fuera de un abismo de odio y destrucción. Sería volver a despertar a los hombres a las enseñanzas de la belleza y el amor que se encuentran en la paz. Ayudaría a hacer renacer las esperanzas de un nuevo orden de justicia y armonía.

Conozco a Thich Nhat Hanh y tengo el privilegio de llamarlo mi amigo. Permítanme compartir con ustedes algunas de las cosas que sé sobre él. Encontrarán en este sencillo ser humano una impresionante gama de habilidades e intereses.

Él es un hombre santo, porque es humilde y devoto. Es un erudito de gran capacidad intelectual. Autor de diez volúmenes publicados, es también un poeta de portentosa claridad y compasión. Su especialidad académica es la filosofía de la religión, de la que es profesor en la Universidad Budista Van Hanh en Saigón, que él mismo ayudó a fundar. Dirige el Instituto de Estudios Sociales de la Universidad. Este hombre increíble también es editor de “Thein My”, un influyente semanario budista, y también es director de “Juventud para el Servicio Social”, una institución vietnamita que entrena a los jóvenes para la rehabilitación pacífica de su país.

Thich Nhat Hanh esta hoy prácticamente sin casa y sin estado. Si tuviera que volver a Vietnam, lo que desea hacer apasionadamente, su vida estaría en gran peligro. Es víctima de un exilio particularmente brutal porque propone llevar a su defensa de la paz a su pueblo. ¡Qué trágico comentario es este sobre la situación existente en Vietnam y sobre aquellos que perpetúan su situación!. La historia de Vietnam está llena de capítulos de explotación por parte de potencias extranjeras y hombres corrompidos por la riqueza. Aún ahora, los vietnamitas son gobernados con dureza, están mal alimentados, mal alojados y agobiados por todas las dificultades y los terrores de la guerra moderna.

Thich Nhat Hanh ofrece una manera de salir de esta pesadilla, una solución aceptable para líderes sensatos. Ha viajado por todo el mundo asesorando a estadistas, líderes religiosos, académicos y escritores, y ha obtenido su apoyo.

Sus ideas para la paz, si llegaran a aplicarse, podrían construir un monumento al ecumenismo, a la hermandad mundial, a la humanidad.

Respetuosamente les recomiendo que invistan su causa con el gran reconocimiento del Premio Nobel de la Paz de 1967. Thich Hanh Hanh llevaría este honor con gracia y humildad.

Atentamente,
Martin Luther King, Jr.