La Práctica de la Plena Consciencia al Respirar y Caminar

Queridos amigos:

Podemos disfrutar ya de la primera charla del retiro de verano de 2012 que Thay dio el 7 de julio, subtitulada al español.

En esta charla Thay explica la práctica de escuchar el canto de Avalokiteshvara, interpretado por los monásticos. Practica luego algunos movimientos en plena consciencia, para finalizar haciendo una introducción a la práctica de la plena consciencia al respirar y caminar.

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Transcripción

Buenos días, queridos amigos. Bienvenidos al retiro de verano de Plum Village. Este es el retiro número 30 en Plum Village. Plum Village tiene ya 30 años, solo 30 años. Estoy feliz de ver a tantos de ustedes venir a este retiro de verano. Estoy feliz de ver tantos niños con nosotros. Este año hemos tenido un retiro de 21 días para científicos en el que no había niños. También hemos tenido un retiro francófono y no había niños. Así que este es un retiro muy diferente. Tenemos muchos niños. Habrá charlas del Dharma para niños y jóvenes.

Hoy comenzaremos con cantos. Todos están invitados a participar en la práctica de la escucha. Los monásticos van a cantar el nombre de Avalokiteshvara, el nombre de una persona que sabe cómo escuchar el sufrimiento que hay en ella y el sufrimiento que hay en el mundo. Esta es una práctica muy profunda. Si sabes cómo regresar a ti mismo y escuchar tu sufrimiento interior, puedes alcanzar la iluminación. De esa práctica brotarán la comprensión y la compasión. Comprendes tu sufrimiento, comprendes el sufrimiento de tu padre, de tu madre, de tus antepasados. Comprendes el sufrimiento de tu gente, de tu país. Comprendes el sufrimiento de la Tierra. De nuestra sociedad. Comprender así ayudará a que broten el amor y la compasión. Y cuando brota el amor, sufres menos al instante.

La transformación y la sanación ocurren cuando nace la compasión en tu corazón. Ahora puedes mirar a la otra persona con compasión. Ya no sufres más cuando le miras, porque puedes ver el sufrimiento que hay en esa persona. No acusas. Ya no estás enfadado con ella, porque en tu corazón ya hay compasión. Así que en lugar de intentar castigarle, quieres hacer algo o decir algo para ayudar a esa persona a sufrir menos. Puedes escucharle con compasión. Puedes decir cosas que le ayuden a sufrir menos. Puedes hacer muchas cosas maravillosas como esta. Solo porque eres capaz de comprender tu propio sufrimiento. Al comprender tu propio sufrimiento puedes comprender el sufrimiento de otra persona más fácilmente.

Avalokita es el bodhisattva especializado en la escucha. Primero, regresa a sí mismo y escucha su sufrimiento interior. Al escuchar su sufrimiento interior puede comprender el sufrimiento de sus padres, de sus ancestros, y al mismo tiempo puede comprender el sufrimiento del resto de la sociedad. Esta es una práctica muy importante, porque muchos de nosotros no queremos escuchar nuestro sufrimiento. El canto de hoy es para tocar el sufrimiento interior para que permitas que brote la compasión y comprendas el sufrimiento del mundo, de tus padres, de tus ancestros.

Cuando los monásticos cantan por vez primera el nombre de Avalokiteshvara, regresan a sí mismos e intentan tocar su sufrimiento interior. Cuando cantan su nombre por segunda vez, son conscientes del sufrimiento de aquellos que les rodean. Cuando lo cantan por tercera vez, entran en contacto con el sufrimiento del mundo.
Hay muchos lugares en el mundo donde la gente sufre profundamente. No solo a causa de la guerra, de la separación, por las catástrofes naturales. Sufren por la opresión, la injusticia social, la violencia, etc. Sufren por dificultades en las relaciones. La práctica de escuchar el sufrimiento es para dar una oportunidad a que surja la compasión.

Cuando surge la compasión, te sientes mejor, sufres menos. Esto puede suceder rápidamente. Esa es la práctica de la plena consciencia del sufrimiento. Eres consciente de tu propio sufrimiento. Eres consciente del sufrimiento de la otra persona. Eres consciente del sufrimiento del mundo. La plena consciencia del sufrimiento puede aportar compasión y comprensión.

Cuando nos sentamos y escuchamos, podemos hacer eso mismo. No hay necesidad de cantar en alto. Seguimos nuestra inspiración y espiración y regresamos a nosotros mismos. No tememos tocar nuestro sufrimiento interno. Nos permitimos abrazar nuestro sufrimiento interno: “Querido dolor, querido sufrimiento, querida pena. Sé que estás ahí. No huiré más de ti. He vuelto para reconocerte y abrazarte como se abraza a un bebé”. Eso es lo que practicamos. Regresamos a nosotros mismos y nos permitimos ser abrazados, abrazar nuestro propio sufrimiento. Cuidamos de nosotros mismos.

Cuando oímos el canto por segunda vez, somos conscientes de que los que nos rodean también poseen sufrimiento, así que se despierta la simpatía. Podemos comunicar con ellos. Al oír el canto por tercera vez, sabemos que en el mundo la gente sufre mucho. Y queremos estar en comunicación con ellos. Queremos ser o hacer algo para que el mundo sufra menos.

La práctica es permitirnos estar ahí. No ser arrastrados, apartados, por nuestro pensamiento. Porque si estamos sentados pensando, nuestro pensamiento nos llevará a otra parte. Por eso, es muy importante dejar de pensar. Poner nuestra atención en el canto. Estar con el canto. Inspiras, espiras y permaneces con el canto. Solo existe el inspirar, espirar y el canto. Y nuestra mente puede dejar de pensar. Tan solo sentimos la energía. La energía colectiva de la sangha. La energía de plena consciencia, la energía de compasión generada por el canto. Y dejamos que nuestro cuerpo se relaje, que se abra, para que la energía colectiva de la sangha pueda entrar en nuestro cuerpo. Es muy importante. No pensar, solo sentir. Abrir nuestro cuerpo y dejar que la energía de compasión y plena consciencia entren en nuestro cuerpo. Podemos hacerlo.

Si podemos hacerlo, tras unos pocos minutos habrá un cambio. Nuestra tensión, la tensión del cuerpo, el dolor del cuerpo desaparecerá. Porque dejamos que cuerpo y mente sean abrazados por la energía colectiva de plena consciencia, de compasión, generada por el canto.

Cantar no es rezar. Cantar es tocar el sufrimiento, dejar que broten la compasión y la comprensión. Y cuando lo hacemos juntos, la energía de compasión y plena consciencia será muy grande. Si nos sentamos y dejamos que esa energía nos abrace, sufriremos menos tras unos pocos minutos. Hay tensión y dolor en nuestro cuerpo. Si dejamos que la energía de plena consciencia y compasión abrace nuestro cuerpo, podremos soltar la tensión y reducir el dolor en unos minutos. Y nos sentiremos mejor después de escuchar durante unos segundos. Escuchar, sentir, no pensar.

Si tienes dolor, pena, ira, miedo en el corazón, intenta abrirlo para que la energía de la sangha pueda entrar en él. No lo cierres. Abre tu corazón, deja que entre la energía de la sangha y que te ayude a abrazar el dolor, la pena, el miedo, la ira que llevas dentro: “Querida sangha, aquí estoy. Llevo dentro pena, sufrimiento, miedo, desesperación. Por favor, ayúdame a abrazar mis bloques de dolor. Confío en la sangha”.
Si puedes abrir el corazón y dejar que entre la energía de la sangha para que abrace tu dolor y tu pena, te sentirás mejor tras escuchar unos minutos. Es una cuestión de energía. Energía de sufrimiento, de pena, de ira, que es abrazada por la energía de la plena consciencia y la compasión. Y puede tener lugar la transmisión si permites que la sangha abrace tu sufrimiento, tu miedo, tu ira.

La transformación y sanación es posible durante la práctica. Si hay una persona muy cercana que no ha podido venir al retiro y esa persona sufre mucho, podemos enviarle esta energía ahora mismo, aquí mismo. Tan solo pensamos en esa persona. O pronunciamos su nombre en nuestra mente. Y la energía generada por la práctica será canalizada hacia esa persona esta misma mañana. En casa, puede que esa personase sienta mejor.
Avalokitesvara es alguien que sabe escuchar el sufrimiento interno y externo. Él alcanzó la transformación y la curación gracias a esta práctica. Así que practicaremos como él, el bodhisattva de la escucha profunda, el bodhisattva de la escucha compasiva. Sentimos que el bodhisattva está en nuestro interior, no fuera de nosotros, porque también tenemos la capacidad de escuchar nuestro propio sufrimiento y el sufrimiento del mundo. Sentémonos relajadamente y practiquemos escuchar el canto.

Namo’valokiteshvaraya[Honor al bodhisattva Avalokitesvara]

Gracias niños, por participar en el canto. Cuando oigan la campana pequeña pueden ponerse en pie y saludar y salir para seguir fuera. Los niños pueden ponerse en pie y hacer una reverencia a la sangha antes de salir. Que pasen un bonito día.

Pueden ponerse en pie y hacer algunos movimientos conscientes. Soy consciente de mis movimientos. Inspiro y me estiro. Espiro.

Buenos días, querida sangha. Hoy es el 7 de julio (¿no es así?) del 2012, y estamos en la sala de meditación Asamblea de Estrellas, en Lower Hamlet.

Cuando yo era un niño me hablaban de Buda, oí muchas historias sobre Buda. Me contaron que cuando Buda nació, lo primero que hizo fue dar siete pasos. Pregunté: ¿Cómo puede un recién nacido dar siete pasos? Todos me dijeron que cuando Buda nació, dio siete pasos y luego se tumbó y se puso a llorar. Eso es lo que oí.
La segunda historia que oí es que cuando su madre llevó a un templo al bebé Siddharta… después de nacer Siddharta, Maha Maya murió. La hermana menor de su madre, Prajapati, cuidó al niño y se convirtió en su madre,. Cuando Prajapati le llevó a un santuario, todos los dioses del templo se pusieron en pie para venerar al bebé Buda. Esa es la segunda historia que oí. No me creí gran cosa. Pero estas historias significan algo. Hay algo detrás de la historia.

La tercera historia la leí en el sutra Avatamsaka. El bodhisattva Manjushri tenía muchos discípulos. Uno de ellos era un joven llamado Sudhana de unos 12 años. El maestro envió a Sudhana a estudiar con otros maestros. Uno de esos maestros le dijo que debía buscar a la madre de Buda, quien podría enseñarle muchas cosas. La madre de Buda se llama Maha Maya. Maya significa ilusión: algo tan bello que no crees que sea real. Es como una ilusión, “Gran ilusión”. El joven buscaba a Maha Maya porque le habían dicho que podría aprender mucho de ella. La buscó pero no pudo encontrarla.

Un día, alguien le dijo: “No puedes encontrar a Maha Maya dando vueltas por ahí. Tienes que sentarte y respirar. Concentrarte. Y tendrás más posibilidades de encontrar a Maha Maya”. Así que el joven se sentó y se concentró en su respiración.

De repente, vio una enorme flor de loto brotando de la tierra. Una flor de mil pétalos. Se vio a sí mismo sentado sobre uno de los pétalos. Miró atrás y vio que este pétalo se había convertido en una flor de loto. Y cuando alzó la vista vio a Maha Maya sentada sobre otro pétalo de la misma flor. Ese pétalo se convirtió también en una flor de loto. Se puede leer esa historia en el sutra Avatamsaka, Ornamento floral. Así que compartían la misma flor, y cada uno de ellos estaba sentado sobre una flor completa. Sudhana estaba muy feliz de ver a Maha Maya, la madre de Buda, sentada en otro pétalo del loto.

Juntó sus manos y se inclinó ante ella. Le dijo que había estado buscándola y que querría recibir enseñanzas de la madre de Buda. Maha Maya le habló del tiempo en el que estaba embarazada de Siddharta. Le dijo así: “Joven, ¿quieres saber una cosa? Yo era muy feliz en el momento en que concebí a Siddharta en mi vientre, no puedo describir qué grande era mi felicidad entonces. ¿Cómo puedes describir la felicidad de alguien que lleva un Buda en su interior? Llevas un Buda dentro de ti. Eres la madre de un buda, eres el padre de un buda. La felicidad es inmensa. Disfrutaba de esa felicidad de llevar a Siddharta en mi vientre. De repente, vi llegar de todas direcciones innumerables bodhisattvas. Todos eran amigos de mi hijo Siddharta. Querían entrar dentro de mí para comprobar que mi hijo estaba cómodo dentro. Y antes de que pudiera decir nada, entraron dentro de mi cuerpo. Podía sentirlos dentro de mi vientre. Había mucho espacio dentro de mí. Y me pareció que si otros millones más de bodhisattvas quisieran entrar en mí para visitar a mi hijo Siddharta, aún tendría espacio en mi interior”.

Maha Maya le estaba contando la concepción de Siddharta. Esta historia puede aportarnos mucha sabiduría. La sensación de que eres inmenso, contienes multitudes. No solo tienes en ti espacio para un buda, puedes albergar millones de budas y bodhisattvas. Tienes mucho espacio. Eso significa que tienes mucha libertad. Una persona feliz es alguien que tiene mucho espacio dentro de ella y en torno a ella. Esa era la sensación de Maha Maya. Tenía mucho espacio. No solo fuera, también dentro.

Sin libertad, sin espacio no se puede ser feliz. ¿Qué puedes hacer para tener mucho espacio en el corazón y a tu alrededor? El amor enseñado por Buda es el amor sin fronteras. Ese amor puede abrazar a muchos seres vivos, no solo a uno. Del modo en que el vientre de Maha Maya tiene espacio para muchos budas y bodhisattvas. Ella le dijo: “Joven, ¿sabes una cosa? ¿Sabes que soy la madre de todos los budas del pasado? ¿Sabes que soy la madre de todos los budas del presente? ¿Sabes que soy la madre de todos los budas del futuro? Soy la madre de todos los budas.”

Cuando yo medité sobre ese capítulo del Avatamsaka, descubrí que todos podemos ser como Maha Maya. Si tenemos en nosotros espacio suficiente, podemos ser el padre de todos los budas y la madre de todos los budas. Si tenemos libertad suficiente, si tenemos en nosotros espacio suficiente, podemos ofrecer espacio a los demás. Porque sin espacio, sin libertad no es posible la verdadera felicidad.

Nuestra práctica debería poder darnos más libertad, más espacio en el corazón y en nuestra vida. ¿Cómo? A Sudhana le enseñaron que si quería encontrar a la madre de Buda, no debería vagar en su busca, debería sentarse. Regresar a sí mismo y practicar la respiración consciente. Ese es un buen comienzo. Si hacemos lo mismo, comenzamos por practicar la respiración en plena consciencia para traer nuestra mente al cuerpo y estar realmente aquí y ahora, observar nuestra situación y saber cómo darnos mucho espacio para que nuestra vida esté llena de felicidad y amor.

Podemos dar dinero, podemos dar comida, refugio, medicinas. Pero ¿Podemos dar libertad? Sabemos que sin libertad, no es posible la felicidad. Así que ofrecer libertad a los demás es el mayor regalo que existe. Pero si no tenemos libertad, ¿cómo podemos dar libertad? Antes hemos de tener libertad para nosotros.
Supongo que Siddharta, antes de renacer en el planeta Tierra, había estado un tiempo en el paraíso llamado Tushita, el cielo de Tushita, esperando a renacer en la Tierra como ser humano y convertirse en Buda en este planeta Tierra. Debía estar deseando bajar aquí, renacer como ser humano, no como un dios. Los dioses en el budismo aunque pueden vivir mucho tiempo tienen también que morir y renacer. Se dice que Buda es maestro de dioses y humanos. Hay muchos cielos. Y aunque a la gente le gusta vivir en estos cielos, tienen una oportunidad de renacer en este planeta Tierra. Siddharta, antes de renacer en nuestro planeta, permaneció en el cielo de Tushita. Debió de añorar mucho la Tierra.

Le imagino diciendo a sus amigos, los otros dioses: “Si renaciera en la Tierra, lo primero que quisiera hacer es caminar. Echo de menos la Tierra, caminar sobre ella”. Y sus amigos le dirían: “¿Cómo puede caminar un recién nacido? Tienes que crecer un poco antes de empezar a caminar”. Pero a Siddharta le gustaba tanto caminar en la Tierra que dijo: ”Por favor, ayúdenme. Lo primero que quiero hacer en la Tierra es dar unos pasos, al menos siete”. Así que sus amigos intentaron ayudarle: “Volveremos cuando nazcas y te ayudaremos con nuestra energía para que aunque seas un recién nacido puedas dar siete pasos en el planeta Tierra”.

Así que cuando Siddharta nació, aunque era un bebé, dio siete pasos. Esto tiene un significado. Significa que estar vivo en este planeta y dar siete pasos en este planeta es un milagro. Supón que has nacido esta mañana. Todos hemos nacido esta mañana. En Lower Hamlet, en Plum Village. Ahora mismo. ¿Qué queremos hacer ahora? Queremos disfrutar de este planeta Tierra, disfrutar de dar pasos en este bello planeta Tierra. No es difícil darse cuenta de que este planeta Tierra es lo más bello que hay. Hemos nacido en este planeta. Al nacer, lo primero que podemos hacer es disfrutar de dar unos pasos.

Así que esta mañana haremos juntos una meditación caminando. Y saborearemos cada paso, al menos siete. Puedes seguir si quieres. Puedes disfrutar del octavo, del noveno. La meditación caminando es una práctica maravillosa. Disfrutas. Sabes que tienes un cuerpo. Tu cuerpo es una maravilla. Y cuando inspiras en plena consciencia, eres consciente de tu cuerpo. Has nacido en este planeta. Tienes un cuerpo. Esto ya es una visión profunda.

Muchos no recordamos que tenemos un cuerpo. Pasamos tres horas con el ordenador y olvidamos que tenemos un cuerpo. Los hermanos y hermanas en Plum Village programan una campana de plena consciencia que es invitada cada 15 minutos para que recuerden que tienen un cuerpo. Dejan de trabajar y regresan a su inspiración. Inspiran en plena consciencia, y recuerdan que tienen un cuerpo: “Inspiro y sé que tengo un cuerpo. Espiro y disfruto de mi cuerpo”.

Cuando inspiras en plena consciencia, eres consciente de tu cuerpo. Traes tu mente de regreso al cuerpo. Cuando mente y cuerpo se unen, estás realmente aquí y ahora, vivo. Solo se necesitan unos segundos, los que necesitas para inspirar. Durante este tiempo vuelves a la vida de nuevo porque sabes que tienes un cuerpo. Traes la mente de regreso al cuerpo.

Es muy sencillo, todo el mundo puede hacerlo. Al inspirar, unes la mente y el cuerpo. Creas tu presencia verdadera en el aquí y el ahora en tan solo tres o cuatro segundos. Cuando espiras, quizá quieras dar un paso. Sé que estoy vivo. Estoy dando un paso en este bello planeta Tierra. La felicidad puede llegar, al instante. Estar vivo, haber nacido en este planeta, estar vivo y dar pasos sobre este planeta como un buda, eso es una dicha.

No necesitas de más condiciones para ser feliz. Tienes bastantes condiciones para la felicidad. Has nacido aquí. Tienes un cuerpo, puedes inspirar, tienes pies lo bastante fuertes como para dar pasos. Lo haces por Buda. Lo haces por tu padre, tu madre, tus ancestros. Eso es la meditación caminando. Disfrutar de cada paso. Cada paso es sanador, cada paso es nutritivo. Cada paso genera alegría y felicidad. No necesitamos poder, no necesitamos fama. No necesitamos dinero. Solo necesitamos plena consciencia.

La plena consciencia nos permite ver cosas. Vemos que estamos aquí y ahora. Vemos que tenemos un cuerpo. Que podemos inspirar y espirar. Vemos que podemos tocar este planeta Tierra y todas las maravillas de la vida. Si caminamos así, si disfrutamos de cada paso, todos nuestros ancestros disfrutan de esos pasos. Nuestros ancestros de sangre y espirituales también disfrutan dando pasos con nosotros. Porque todos nuestros ancestros están vivos en nosotros. Somos la continuación de los ancestros.

Así es como entiendo la historia de los siete primeros pasos de Buda. Mientras caminas así, no tienes que hacer ningún esfuerzo especial. No es un trabajo duro, se trata de disfrutar. Disfruta dando pasos, usa la inspiración, la espiración, usa tus pulmones, haz buen uso de tus pies y tan solo disfruta de caminar. No necesitas nada más para ser feliz. Sé tú mismo y disfruta de cada paso.

Eres libre. Estás libre de tus preocupaciones y del miedo al futuro. Estás libre de tu arrepentimiento y pena por el pasado. Porque cada paso que das así te hace libre. La libertad es la base de la felicidad. Eso es un milagro: la plena consciencia, la práctica de la meditación caminando.

Mientras das el primero, el segundo paso en plena consciencia, generas energía de plena consciencia y alegría. Las personas alrededor hacen lo mismo. Están dando pasos conscientemente, alegres, y juntos creamos energía colectiva de alegría y plena consciencia.

Cuando venimos a Plum Village, tenemos la oportunidad de ofrecer nuestra energía de plena consciencia, de paz, de alegría. No venimos para obtener nada. Venimos para ofrecer. Porque si sabemos cómo practicar la respiración, la marcha, de forma consciente, contribuimos a fabricar energía colectiva saludable de plena consciencia, de paz, de alegría. Todos se beneficiarán de esa energía colectiva de plena consciencia, de paz, de alegría. Sobre todo los niños. No comprenden bien la teoría de la enseñanza, pero pueden sentir la energía de paz, alegría y hermandad que generamos al caminar, al sentarnos juntos. Se nutren de ello.

Queridos amigos, son ustedes mis compañeros de práctica. Mientras están en Upper Hamlet, o Lower Hamlet, o New Hamlet, hacen lo mismo que yo. Este es un tiempo de felicidad. Tenemos la oportunidad de practicar juntos. No hemos de apresurarnos al ir desde nuestra tienda a la cocina o al baño o a la sala de meditación. ¿Por qué no disfrutamos de caminar como Buda? ¿Por qué hemos de apresurarnos? Llegamos a cada paso al aquí y el ahora. Cada paso puede generar paz, alegría y plena consciencia. Llegamos a cada paso. Hagámoslo juntos. No tenemos prisa. Podemos hacer que cada paso sea agradable, nutritivo, sanador.

No necesitamos llegar a la sala de meditación para practicar, no. Caminando desde la tienda hasta la sala de meditación, cada paso es ya meditación. Cada paso puede traer plena consciencia, concentración, visión profunda, alegría, felicidad, sanación, nutrimento. Juntos generamos energía colectiva de plena consciencia y alegría. Eso puede ser muy sanador, nutritivo, para todos.

Plum Village puede ser agradable o no serlo, ser nutritivo o no, sanador o no. Depende de todos nosotros. El maestro no puede hacer gran cosa. El maestro es también un practicante, y la enseñanza es muy simple. La práctica es muy simple.

La práctica puede ser alegre, agradable. No es un medio para un fin. Es un fin en sí misma. Dar pasos no es un medio para llegar a algún sitio. Dar pasos es para llegar al destino: la vida. Aquí y ahora. Si vamos a estar 7una semana o dos en Plum Village, deberíamos emplear bien cada momento de nuestra estancia.
Lo primero que recomiendo es disfrutar de cada paso. Demostramos que somos libres. Quizá tengas el hábito de correr, transmitido por generaciones de ancestros. Corremos incluso en sueños. Corremos en busca de algo. Pero según esta enseñanza y práctica, no tienes que correr. Todo lo que buscas está ya aquí. En el aquí y el ahora. Si sabes cómo emplear tu cuerpo, tu respiración, tus pies, tus pulmones, tu plena consciencia, cada momento puede ser un momento de paz, de alegría, maravilloso.

Cuando miras a alguien que camina, puedes ver el grado de libertad que esta persona posee. Tan solo mírale caminar. Ves cómo de libre es, cómo de relajada está. Está aportando su paz, su alegría, su plena consciencia, a la sangha.

No debo esperar hasta el momento de la meditación caminando para practicar meditación caminando. Cada paso puede generar energía de plena consciencia, de concentración, visión profunda, paz, felicidad. Si regresa el hábito de correr, ver a otros caminar en plena consciencia relajados nos ayudará a regresar a nuestra práctica.
La existencia de hermanos y hermanas en la práctica es una campana de plena consciencia que te ayuda a reconocerla energía del hábito de correr. Al ser conscientes de ello, dejamos de correr, nos relajamos y disfrutamos de nuestros pasos. Nos ayudamos unos a otros. Podemos hacerlo ya el primer día en que llegamos.
La libertad, la alegría, la felicidad y la sanación son posibles a cada paso. A cada respiración. No buscamos la sanación, el alimento, la liberación, en el futuro. Porque sabemos que cada respiración, cada paso, puede ser sanador, nutritivo. Encontramos la sanación y el nutrimento justo en cada paso, cada respiración. Estoy seguro. Al sentarnos también disfrutamos, porque cada momento sentado puede ser sanador, puede ser nutritivo.
La campana siempre está ahí para ayudarnos. Cada vez que oímos la campana, la voz de Buda nos llama a regresar a nosotros mismos y disfrutar de este momento, que es maravilloso.

Poder arreglárnoslas para venir a Plum Village y practicar juntos así ya es una gran alegría. Aprenderemos y practicaremos juntos y ofreceremos energía de plena consciencia, concentración, visión profunda, paz y felicidad practicando juntos. Cuando caminamos juntos, permitimos que la energía de todo el grupo nos lleve. Fluimos como un río. No permanezcas como una gota, conviértete en río. Deja que la energía colectiva de plena consciencia y paz te abrace, te lleve. De esta forma te sentirás ligero. Sé un río, no una simple gota de agua cuando te sientas, cuando caminas. Esa es nuestra práctica.

Al sentarnos, al caminar, ponemos la atención en la sensación que notamos. La sensación en nuestro cuerpo, la sensación de nuestro entorno. Mientras estamos sentados, contactamos con la inspiración, la espiración. Entramos en contacto con el cuerpo, con el entorno. Muchos de estos elementos son favorables para nuestra paz y felicidad. Al caminar, nos permitimos tocar el suelo, tocar lo que nos rodea. Sentimos el contacto entre nuestro pie y el suelo. Tocamos el bodhisattva Madre Tierra.

Somos conscientes de la belleza de este planeta. En la Luna aún no hay hierba ni flores. Pero aquí abajo hay bellos árboles, hierba, flores y pájaros. El Reino de Dios está aquí, en la Tierra. Eso es lo que veo. La Tierra Pura de Buda está aquí, en la Tierra. Mientras caminamos, deberíamos poder contactar. El Reino es ahora o nunca. No debes morir para ir al Reino. De hecho, has de estar muy vivo.

Y para estar vivo, ayuda mucho la respiración consciente. Inspiro y sé que estoy vivo. Estoy aquí y ahora. Con esa visión profunda, entras en el Reino con un solo paso. Disfruta. No quiero salir de nuevo. Porque el pensamiento nos llevará fuera del Reino. Así que no pienses, tan solo siente. Eso es muy nutritivo.

Cuando dejamos que la energía colectiva nos abrace, la curación llega muy pronto. Eso es lo que llamamos tomar refugio en la sangha. Confiar en la sangha. Deja que la sangha te abrace y te lleve. Eso es lo que hacemos al caminar juntos. He llegado. Estoy en casa. Ya no tengo que correr más. Soy sólido. Soy libre. Soy sólido porque no me dejo ser arrastrado por el pasado o el futuro. Soy libre porque soy capaz de estar en el aquí y el ahora. Tocar las maravillas de la vida, empezando por mi cuerpo.